Por entre unas matas,
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.

  De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente,
amigo, ¿qué es esto?»

   «¿Qué ha de ser?», responde;
«sin aliento llego...;
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».

   «Sí», replica el otro,
«por allí los veo,
pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos.»
   «¿Qué? ¿podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo.»

   «Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.»
«Son galgos, te digo.»
«Digo que podencos.»

   En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.

   Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.

Fábula de Tomás de Iriarte (1750-1791)