Antaño en los pueblos, si existían eventos importantes, se podía escuchar el tañir incesante de las campanas, rasgando el infinito cielo. ¡Talan! ¡Talan! ¡Talán!... La gente se asomaba a las balcones y ventanas, a ver que sucedía. Pudiera ser, incluso, que les sobresaltasen las alegres y sonoras tracas y los cohetes.
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